MOVIMIENTO APOSTÓLICO MANQUEHUE

¿CÓMO VIVIR NUESTRA ECLESIALIDAD HOY?

Han pasado algunos días del nombramiento de Monseñor Celestino Aós, como Administrador Apostólico con sede vacante de la Diócesis de Santiago, con el efecto inmediato de aceptar la renuncia presentada por Monseñor Ezzati hace ya dos años, al cumplir este los 75 años.

En todos los años de conciencia de ser Iglesia no habíamos vivido esta situación de “Sede Vacante”. Es una situación especial, ya que, si bien el Administrador Apostólico tiene facultades similares a un Obispo titular, el caso es que no tenemos por ahora, a un obispo titular. Eso nos recuerda, como Iglesia, que estamos viviendo un tiempo especial. Y que ese tiempo especial requiere también algo especial de nosotros.

Ser Iglesia hoy es una opción que en si misma es valiente, genera rechazo exterior y también la consciencia de sumarse a una institución cuestionada. Por eso, en la situación en que vivimos, es importante actualizar la opción de nuestra comunidad del Movimiento Apostólico Manquehue y sus colegios, misiones y apostolados, como una comunidad eclesial, que vive su carisma en una comunidad mayor que es la Iglesia, en nuestro caso la golpeada Iglesia de Santiago.

Podemos preguntarnos ¿cómo vivir nuestra eclesialidad hoy? El papa Francisco nos decía hace un tiempo que, como laicos, tenemos que tomar en serio nuestro ser Iglesia, nuestra labor y nuestra misión en la Iglesia. El nombramiento del nuevo Administrador Apostólico nos da una oportunidad para recordar esas palabras. El llamado es a que asumamos como comunidad eclesial con Monseñor Celestino. A no dedicarnos a mirar desde afuera, y evaluar si logra solucionar los problemas y enfrentar los desafíos, sino que a reactivar nuestra conciencia de que somos ungidos, elegidos y guiados por el Espíritu Santo y a ser dóciles a sus inspiraciones, asumiendo nuestra vocación de cristianos.

Monseñor Celestino, sumándose a las palabras dichas por el Papa, nos dijo: “La renovación de la jerarquía eclesial, por sí misma, no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Se nos exige promover conjuntamente una trasformación eclesial que nos involucra a todos. No podemos ser espectadores, debemos participar activamente e involucrarnos “en una Iglesia con aire sinodal que sabe poner a Jesucristo en el centro” (Saludo de Monseñor Celestino, 23 de marzo). Nos invita a sumarnos, desde nuestra condición de laicos y desde nuestro carisma, a lo que el Señor le está pidiendo.

En sus primeras palabras nos pidió: “Al comenzar este servicio les pido que recen por mí”. Ahí ya tenemos una misión. Hagamos oración de verdad. No solo en cada oficio de Laudes y Vísperas, sino que recemos en forma personal. Que cada vez que nos hablen de la Iglesia, antes de opinar o discutir, al ver una noticia en los medios, recemos por don Celestino. También nos dijo: “es la hora de la colaboración, de poner cada uno lo que somos y podemos, aunque sea poco y pequeño, como en mi caso” (Ibid). Quizás nos sentimos sin fuerza, sin convicción, pero frente a eso recordemos el llamado de san Pablo: “Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2 Cor 12,10).

Fuente: Boletín #1048 MAM