¡NUESTROS 4° BÁSICOS HICIERON SU PRIMERA COMUNIÓN!

Estaban alegres y felices, por fin había llegado el día para el que se habían preparado por casi dos años: su Primera Comunión. Acompañados por sus familias, nuestros 4° básicos recibieron por primera vez el sacramento de la Eucaristía donde Dios, a través de la hostia consagrada, se transforma en alimento para nuestra alma.
Comulgar es el verbo que usamos para decir que estamos recibiendo la Sagrada Comunión. Pero ¿qué significa esta palabra? Comunión (“común-unión”) es la unión de Cristo con nosotros y la unión de nosotros con Cristo, quien está vivo en la hostia consagrada, para ser alimento de nuestra vida espiritual. Este sábado nuestros alumnos de 4º básico se sumaron al banquete dominical en el que, como una gran familia que se reúne a disfrutar, la Iglesia comparte y celebra el alimento espiritual que pedimos cuando rezamos el Padre Nuestro. Cuando decimos “danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt. 6, 11), ese alimento diario que pedimos y que Dios nos da, no es solo el pan material, sino también- muy especialmente- el Pan Espiritual. “Yo soy el Pan de Vida” (Jn 6, 35).
Comulgar aumenta la Gracia de Dios en nosotros, y mientras más participemos de este sacramento a través de la misa diaria, o dominical, más se fortalece nuestra fe, la confianza y el abandono completo en Dios. Esa fue la invitación principal de la homilía de la Primera Comunión de los 4° básicos, el pasado sábado, todos estamos llamados a aprovechar el gran regalo que es la Eucaristía.

“Para mí, mi Primera Comunión significó que Jesús me acompañará todo mi vida y que ahora nunca me voy a alejar de él. Esto no era algo para estar nerviosa ni asustada. Sino que para mí tenía que estar lo más feliz posible y todos los días agradecer porque me pudieron dar este momento tan lindo, un encuentro con Dios, pero este encuentro durará para siempre”.
Antonella Olivier B. 4°A

“Hola soy Pablo. Hice mi Primera Comunión el sábado. Al principio me asusté por si algo salía mal. En la misa me paralicé mucho, pero cuando paré de estar paralizado, pensé en todos los momentos en que Dios me ayuda, eso me tranquilizó mucho y cuando probé la hostia, sentí que Dios me abrió una puerta al cielo que no se cierra nunca”.
Pablo Uribe G. 4°B

 

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