EXALUMNAS LLEVARON LA TUTORÍA A ESTADOS UNIDOS

Durante este verano un grupo de exalumnas de Manquehue viajó a Portsmouth Abbey School, en Estados Unidos, para compartir la fe y la alegría del Evangelio con los alumnos, profesores, autoridades y monjes.
Bernardita Opazo A17 nos contó sobre esta gran experiencia comunitaria. 

“Mi nombre es Bernardita Opazo y soy exalumna del Colegio San Anselmo generación 2017. En los meses de enero y febrero de este año 2021, viví una experiencia inolvidable en Portsmouth Abbey School (PAS), junto con la Rosario Achondo (oblata del Movimiento), Teresa Quiroga (A13), y Trinidad Hüe (B19).

En tiempos de pandemia parece ilógico y difícil viajar fuera del país. Pero “El hombre tiene proyectos, Dios, la última palabra” (Pr 16,1) y por esto, se realizó el milagro de llegar a esta comunidad de PAS, para compartir la fe y la alegría del Evangelio con los alumnos, profesores, autoridades y monjes, llenándonos de testimonios de un Cristo intensamente vivo. No hay palabras para describir el tesoro que encontramos en este tiempo, pero voy a intentar iluminar un poco lo que vivimos.

Nuestra misión se centró en continuar con este espíritu fogoso en el colegio, de querer buscar y vivir en Dios, cultivado por grupos anteriores que fueron también a PAS, y seguir infundiendo al Espíritu Santo que está soplando de manera fuerte y concreta en ese lugar. Lo sentimos presente en los grupos de lectio, en cada alumno, inquieto por la Palabra y sediento del amor de Dios. Lo pudimos sentir en todas las personas con las que nos tocó estar, y especialmente en la comunidad monástica. Un pequeño grupo de monjes con una fe admirable, una vocación radical y conmovedora, practicando apasionadamente la escucha, la acogida y la humildad. Quedamos impresionadas en especial, por la acogida de cada persona con la que nos tocó compartir, junto con las millones de manifestaciones de Dios, demostrándonos su amor a través de grandes y pequeños gestos todos los días, que nos dejaban boquiabierta y sorprendidas, hablándonos de un Padre siempre preocupado por nosotras. “Te guiará Yahvé de continuo, saciará tu hambre en los sequedales, dará vigor a tu cuerpo y serás como huerto regado como manantial de agua cuya cauce nunca falla” Is 58,11

De esta experiencia única y tan profunda e indescriptible, me quedé con tres puntos principales. En primero lugar, el poder de la oración; cómo esta me nutre, me encamina y le otorga sentido a todo lo que hago. Cuán importante es para mi relación con Dios, para mantenerme despierta a la realidad del amor. También cómo es capaz de unir personas de una manera muy especial. Un ejemplo concreto es la amistad y relación profunda con la comunidad monástica forjada a través de la Liturgia de las Horas, que nos hizo establecer un vínculo muy fuerte. Lo que podemos llamar, una auténtica amistad espiritual.

En segundo lugar, compartir el Evangelio. Soy testigo que sin importar la cultura, el idioma, la edad, el lugar donde se encuentre cada uno, o la hora que sea en tal lugar, se hace irresistible en todas las partes del mundo, anunciar y recibir la Palabra, que trae un impacto evidente en el alma, que nos da de la vida verdadera y abundante. Así, ir construyendo el reino invitando a más personas a participar de él.

Y tercero, no dejar de buscar. La fe es un movimiento continuo, no es estática, no es cómoda. Es un camino por donde hay que avanzar todo el tiempo, y más que buscar respuestas, buscar inquietudes que me desafíen a indagar en mi relación con Cristo. Ser aprendiz de la fe, nunca dejar de sorprenderme y conmoverme por el actuar de Dios.

Bernardita Opazo I. A17