CUASIMODO: SANTO, SANTO ¡SEÑOR!

El domingo se realizó la fiesta de Cuasimodo, esta fiesta reúne la fe y la tradición de campo de nuestro país. Todos los años, el domingo siguiente al de resurrección, cientos de cuasimodistas se reúnen para llevar la comunión a los enfermos y adultos mayores. Los invitamos a leer los testimonios.

Te invitamos a leer los testimonios que logran traspasar lo vivido en tal tradicional fiesta para nuestra Iglesia:

Familia Cozzi Braham: “El domingo tuvimos la oportunidad de ver el Cuasimodo, sin duda una de las expresiones más bonitas de nuestra piedad popular. Desde que vivimos en Colina teníamos ganas de ir con los niños a ver correr a los caballos en procesión eucarística, donde se mezcla la belleza del campo con la belleza de la fe. La pandemia había impedido celebrar esta tradición que se remonta a tiempos anteriores a la República, donde cada año, el domingo después de Pascua de Resurrección, se lleva la comunión a los enfermos y ancianos en una carreta escoltada por miles de jinetes. La fiesta se celebra en cerca de 150 lugares de Chile, pero Colina tiene la celebración más multitudinaria con cerca de 2.500 caballos que recorren las calles. Es difícil dimensionar a 2.500 jinetes, niños, hombres, mujeres, todos sobre sus monturas y vestidos con la esclavina anunciando a Jesús. “Santo, santo, santo” gritan, mientras los espectadores nos conmovemos con el testimonio de fe del pueblo sencillo y la nostalgia del campo. Es una alegría poder participar en estas fiestas, donde se vive la comunión, esa que tanto contrasta con el escenario de discordia por el que atravesamos como país. Desde Semana Santa que hemos percibido una especie de primavera de la fe que nos llena de esperanza, esperanza en que Jesús y su Madre construyan entendimiento y paz entre nosotros. Agradecemos enormemente pertenecer a una comunidad como la del San Anselmo que valora y promueve la fe popular, y grande fue la emoción de los niños al ver, entre tantos jinetes, al rector Greene”.

Alejandro Greene G-H., Rector: “Me emocionó mucho la partida del cuasimodo, con el sacerdote saliendo de la Parroquia por un túnel de banderas, hecho por cuasimodistas, rezando ave marías y haciendo vítores de Santo. Todo esto, al tiempo en que se encendía la sirena de los bomberos. Había muchísima gente viendo la partida del cortejo a las 7 de la mañana. El bloque de jinetes se movía a veces galopando, a veces caminando, a veces con pausa. Una verdadera luz para todo el pueblo. La fe, popular y familiar, que se traspasa por generaciones, era el motor de los cerca de 2500 jinetes que acompañaban a Jesús sacramentado para los enfermos. Una fe sencilla, sin mucho rito, pero que sabe que está en presencia de algo oculto, bello y divino. La gente, agolpada en los caminos, veía eso mismo. Era como cuando el rey David entró bailando a la ciudad, “haciendo el loco” y semidesnudo, acompañando el arca de la alianza. Nada importaba, porque lo hacía por Dios.

 

Santo, Santo, Santo, Señor, Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de su majestad y gloria!…¡gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo! Este fue el vítor que llenó las calles de Colina, los oídos de grandes y chicos, de los migrantes que nunca habían visto algo así en su vida, de los abuelos, que tranquilos y emocionados, veían el pasar de los caballos sentados afuera de sus casas adornadas con guirnaldas, y de los niños, muchos vestidos con esclavina y pañuelo, que miraban atentos todo lo que pasaba de la mano de sus padres.

Finalmente, luego de 9 horas recorriendo la ciudad, terminamos en una misa a la chilena, en la explanada, de a caballo, presidida por el nuncio apostólico. Estaba muy cansado, pero pude escuchar la misa completa, me la gocé. Cuando fui a comulgar, se me pasaron todos los achaques y me llené de energía. También me encontré con Eduardo Mackay, a quien había estado buscando todo el día. Me fui con él, y nos sacamos una foto con sus hermanos Tobías y Jonás.

Estoy muy agradecido con la familia Crisóstomo, que nuevamente me acogió como si fuera uno de ellos, mostrándome el cariño y respeto que tienen por esta linda tradición, que ha perpetuado de generación en generación en su familia. Gracias Señor por estar vivo y despierto en medio nuestro.

Finalmente, dejo esta décima, parafraseada de un himno de intermedia, que se adecúa para la ocasión:

Quien diga que Dios ha muerto,

Que salga a la luz y vea,

Si el mundo es o no tarea,

De un Dios que sigue despierto.

Ya no es su sitio el desierto,

Ni en la montaña se esconde,

Decid si preguntan: ¿dónde?,

Que Dios escribe su historia,

Cuando un hombre canta el Gloria,

Y un corazón le responde”.