EXPERIENCIA EN LA PATAGONIA APODERADAS CSA

Desde el martes 6 al lunes 12 de septiembre un grupo de apoderadas que pertenecen a los grupos de pastoral del Colegio, fueron a vivir una experiencia a la Patagonia. Con alegría y entusiasmo vivieron bajo el lema: “No temas, que yo te he rescatado, te llamé por tu nombre y tú eres mía”  (Cf Is 43, 1).

TESTIMONIO EXPERIENCIA SAN JOSÉ:

Desde que recibí la invitación al retiro a San José, no dudé en aceptarla inmediatamente, algo muy dentro de mí me decía tú debes ir a ese lugar, da el paso, pégate el salto… que Yo te estaré esperando.

 ¡Qué alegría  cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”! (Salmo 122, 1)

Sin duda no me equivoqué, fue la experiencia más maravillosa que pude tener, un antes y un después.

Todo, desde sus inicios, no eran simples coincidencias sino que por muy extraño que pueda parecer, era una serie de diosidencias que iban abriendo paso a este reencuentro de amor tan profundo, tan perfecto.

Al llegar a Balmaceda, nos recibió un día de nieve hermoso, y a pesar de las horas de viaje en el transfer hasta San José, siento que las 14 mujeres que habíamos emprendido esta aventura, nos íbamos sumergiendo poco a poco en la belleza del paisaje, y sobrecogiéndonos con la naturaleza que nos rodeaba.

Les cuento, las primeras palabras que allá escuché:

“En la Patagonia, el que se apura pierde el tiempo”….y cómo me hace sentido ese simple mensaje que me hico click y lo cambió todo, y hoy ya de regreso resuena en mi cabeza una y otra vez.

Llegamos emocionadas, abrimos el portón y comenzamos a adentrarnos de a poco a donde estaríamos todas juntas lo próximos 6 días, y sería nuestro hogar: “El Puesto San Agustín”.

De lejos la divisamos, rodeada de nieve, parecía salida de un sueño, y ya adentro de ella,  se sentía el calor de hogar y el amor y preocupación por recibirnos de todas las maravillosas personas que viven allá y a quienes tuve la bendición de conocer.

Días nevados, días fríos, días con un sol maravilloso, bosque, río, montañas nevadas, la inmensidad del General Carrera, águila, cóndor, huemul, la brisa del viento, el cielo azul, el silencio. Un todo perfecto, un dar gracias. Un grito jubiloso de un Dios vivo y de su majestuosidad.

Son tantas las cosas que quisiera decir, pero sé que es imposible en unas palabras expresar todo lo que siento, lo que pasó en mí, pero lo intentaré.

En San José, recibí, entregué, respiré, viví AMOR!!!!

Me reencontré conmigo misma, con lo más profundo de mi alma, me perdoné, me acepté, me abracé. Me di cuenta que mis debilidades son parte de mí y a partir de eso a no juzgar nunca las debilidades de los demás. Que yo soy un don de Dios, que cada uno de nosotros es un don de Dios, y que Cristo vive en cada uno de nuestros corazones, y rechazarme a mí o a los demás es como rechazar a Dios!

Volví a ser niña, a escuchar, a mirar, realmente mirar, a impresionarme por las cosas simples pero a la vez las más lindas de la vida. A admirar, a dejarme amar con todas mis falencias, tal cual soy, porque así es como debo ser, es como Dios me hizo, cómo él me quiere y como yo debo quererme. Me sentí completamente plena.

Conocí a 13 mujeres maravillosas, con personalidades diversas, pero que juntas hicimos el puzzle perfecto. Si sólo una de ellas hubiera faltado, sin dudarlo no habría sido lo mismo. Nos complementamos, nos miramos con los ojos del corazón, reímos, lloramos, trabajamos juntas, cantamos y gozamos!!

Siii!!! Gozamos muchísimo.  Hoy, completamente feliz, puedo decir qué en San José  logramos vivir “El gozo de Dios”, esa profunda alegría espiritual que el Espíritu Santo infundió en nuestros corazones.

Tal como les dije al principio, di el paso, salté y Él me recibió con los brazos abiertos, mirándome con ternura, recordándome que hoy y siempre he sido su hija amada, y que no dudé nunca en ir a su encuentro. No importa cuántas veces me pierda,  siempre estará esperando por mí.

Me pasó algo impresionante, Jesús resucitó en mí.

Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas 2, 14)

 

Con mucho amor,

Julita Barra